Es un tema muy discutido.

Me ha llegado noticia de esta publicación de Manuel Narbona Sarria en el OBCP que se titula Estandarización de la evaluación de la oferta económicaSegún cuenta:

"Para la empresa el esfuerzo se mide como reducción del beneficio y se puede demostrar que existe una fórmula única y correcta que da la puntuación que le corresponde a una empresa en función del descuento que ofrece sobre el PBL y de los precios máximo (PBL) y mínimo (límite de la oferta temeraria) que debe fijar la Administración. Dicha fórmula, cuya demostración se expone en este trabajo, es

P=[K/(1-K)]* [DO/(1-DO)]

donde

  • K=C/L, siendo
    • C es precio mínimo de licitación (límite de la oferta temeraria),
    •  L en presupuesto base de licitación,
  • DO el descuento sobre el PBL y,
  • P la puntuación".

Qué pensáis.

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Coincido con Juan Carlos Gómez en que el planteamiento de Manuel Narbona es digno de consideración. Los empresarios han de ganar dinero con los contratos, el justo, pero ganar. Tratar de que las ofertas sean realizaste es un anhelo de todo gestor. Pero la realidad nos demuestra que siempre va a haber empresarios que van a hacer su oferta sin estudiar bien los proyectos, contratistas que ya califica el ingeniero y mariscal francés, marqués de Vauban  en 1682 sobre los  “miserables, pillos o ignorantes” . El problema se remonta jurídicamente mucho más atrás, al Código de Hanmurabi incluso...

Pero el problema de la fórmula es de estricta legalidad: la temeridad no se puede fijar de antemano por prohibición legal y los Tribunales han reiterado que es obligatorio aceptar ofertas  sin beneficio o a “pérdidas” siempre que no supongan una vulneración de la legislación de defensa de la competencia, en concreto el art. 17.2 de la Ley de Competencia Desleal ( por ejemplo, RTACRC 24/2011, de 9 de febrero, RTARCYL 32/2016 , ROARC Euskadi 41/2016, ATACP Madrid 38/2018,IJSCA Valencia 2/2018 ).

Y por otro lado, como he señalado ya, si la aplicación de una fórmula en un contrato concreto supone que, al no repartir todos los puntos que el pliego atribuía a los criterios matemáticos,  el peso determinante de la adjudicación recaiga sobre los criterios no matemáticos sin que la valoración de la oferta técnica la haya realizado un comité de expertos, la contratación es nula (RTACRC de 873/2016, RTACRC 40/2016).

Me parece estos dos obstáculos insalvables, dejando al margen el de la claridad …

Pero como dices que vas a utilizar ya esa fórmula en próximo contratos, a ver que criterio tiene los servicios jurídicos que lo hayan de informar, la Intervención y si supera esos filtros internos, a ver que dicen los Tribuales si judicializa... todos aprenderemos con ello

Un cordial saludo a todos

Buenos días José Manuel. A ver cómo encaja lo siguiente con la legalidad.

De acuerdo que los Tribunales se han pronunciado diciendo que la temeridad no se puede fijar de antemano (no lo discuto) y que es obligatorio aceptar las ofertas como vengan "siempre que no supongan una vulneración de la competencia", es decir que el licitador haga «dumping», que es la práctica comercial que consiste en vender un producto por debajo de su precio normal, o incluso por debajo de su coste de producción, con el fin inmediato de ir eliminando las empresas competidoras y apoderarse finalmente del mercado.

Lo que propongo no es establecer de antemano el nivel de temeridad, sino el procedimiento o la metodología para calcularlo.

Pongo un ejemplo, por si se entendiera mejor, fuera de este de este caso específico con otra situación concreta para ver si consigo explicar lo que quiero decir. El ejemplo es el siguiente:

Supongamos un contrato de concesión de servicios que requiere una inversión inicial que deba financiar el concesionario. Supongamos que el único criterio económico de valoración de la oferta que se utiliza sea el «canon» de la concesión que se comprometa a pagar el licitador. Ese «canon» de la concesión, ya sea uno inicial o periódico –éste se producirá a lo largo de la explotación del servicio–, es una "participación" de la entidad pública contratante en los ingresos del concesionario (¡¡¡ojito que no es «coste» del contratista imputable al objeto del contrato aunque en su contabilidad lo registre como «gasto» contable!!!). Mi propuesta de modo de determinar la posible temeridad, y que debería ser expuesta en los pliegos, es:

Incurrirá en temeridad o en propuesta desproporcionada el licitador que oferte un «canon» tan alto que le impida recuperar la inversión en el plazo de la concesión (es decir el valor actual sea negativo), o que dicha recuperación se produzca en un periodo superior a 40 años (límite de las concesiones), determinándose de acuerdo con la fórmula del valor capital (o valor actual) del proyecto concesional y en la que se utilizándose como tasa de descuento la equivalente al interés legal del dinero (ahora, según la última Ley de Presupuestos es el 3%).

Salvando las distancias (igual estoy diciendo una barbaridad), esto iría en la misma línea de que, si bien, el precio de los contratos siempre es «cierto» esto no significa que deba ser «fijo» desde el mismo momento de la adjudicación, sino que se puede establecer el modo para poder determinarlo con certeza, por ejemplo por el coste incurrido admisible. Como ves, yo siempre barriendo para casa.

Un fuerte abrazo

Buenos días:


Tengo que confesaros una cosa que ya sabéis: soy un advenedizo tanto en el campo de la economía como en el derecho. Me parezco más a Albert que a Juan Carlos Gómez y José Manuel Martínez, ambos expertos en contratación pública desde sus respectivos ámbitos. ¿Qué hace un licenciado en Fisica dedicado a las Tecnologías de la Información metido en este "fregao"? Pues lo mismo que un un licenciado en Historia Contemporánea: lo que puede, lo mejor que sabe.

Pero, siempre hay un pero, puede que mi condición de advenedizo, y también de persona de ciencias, me haya dado una ventaja que me quizás me permita seguir evolucionando.

Me había percatado, porque era más evidente, que la estructura de coste de cada empresa es diferente, pero desconocía los límites que la norma y los tribunales han impuesto en la contratación pública. Algo sí que sabía, como por ejemplo que hay que admitir todas las ofertas y si consideramos que una oferta es temeraria, la empresa en cuestión debe demostrar lo contrario si quiere seguir en liza.

Lo que no sabía es que no se puede definir el límite de lo temerario a priori. Si lo he entendido bien, el artículo 149.2 de la LCSP, parece indicar que en los pliegos se deben fijar los parámetros objetivos que deberán permitir identificar los casos en que una oferta se considere anormal cuando existan más de un criterio para la adjudicación. Esto es lo que propongo hacer al indicar en el pliego el límite de la oferta temeraria. De todos modos, si el límite de la oferta temararia no se puede definir a priori porque hay sentencias claras en este sentido, tampoco es un obstáculo insalvable, como luego comentaré.

Igualmente, tampoco sabía que hubiese que repartir todos los puntos asignados a un criterio y, aunque no he encontrado nada en la LCSP en cuanto a cómo se asigna la puntuación en cada criterio, supongo por lo que dice José Manuel Martínez que las sentencias al respecto hablan de repartir todos los puntos para evitar que  al final el peso de la adjudicación recaiga en los criterios no matemáticos sin que se haya formado un comité de expertos.

Sin embargo, creo que se está interpretando mal este precepto de la norma. Lo que dice la LCSP (artículo 146.a) literalmente es “la valoración de los criterios cuya cuantificación dependa de un juicio de valor corresponderá, en los casos en que proceda por tener atribuida una ponderación mayor que la correspondiente a los criterios evaluables de forma automática, a un comité formado por expertos”. La ponderación, que se atribuye en las bases del concurso, no tiene nada que ver con que en la adjudicación final los criterios evaluables mediante juicios de valor superen en puntos a los matemáticos. Es posible, ponderar los criterios matemáticos al 51% y que la oferta ganadora obtenga, por ejemplo, 40 puntos en los criterios matemáticos y 45 en los criterios por juicio de valor, sin que este resultado implique que se hubiese debido convocar un comité de expertos. En cualquier caso, igual que antes, tampoco esto es un inconveniente insuperable, como veremos en seguida.

La ventaja evolutiva ha sido mi desconocimiento de los límites; la ignorancia es atrevida, como sabéis. De haberlos conocidos, seguramente no me habría aventurado en este terreno. Otra cosa que me ha ayudado es mi condición de licenciado en físicas porque me ha proporcionado las herramientas necesarias para el análisis y la conceptualizacion.

¿Qué es de lo que estoy seguro, y espero que a estas alturas, ustedes también? Pues de que la fórmula que la relación entre la puntuación y el descuento no es lineal porque tampoco lo es la relación entre el esfuerzo y el descuento y, además, se puede justificar y demostrar. Esto, sin más paliativos, descarta todas las fórmulas lineales. Y entonces que queda: las formulas lineales por tramo, con una justificación muy forzada, y el resto de fórmulas no lineales que circulan por ahí, pero que no pueden ser demostradas y algunas de ellas ni siquiera justificadas.

No cabe duda que tanto Juan Carlos Gómez como José Manuel Martínez me han bajado a la realidad, pero todo sigue en su sitio y tiene solución.

El planteamiento que hace Juan Carlos Gómez no afecta a mi planteamiento. No estoy buscando conocer la estructura de costes de las empresas que licitan. Cada cual tendrá la suya y será diferente a la de los demás, pero para todas ellas la perdida de beneficio no es linealmente proporcional al descuento que ofrecen. Este es el origen de la fórmula. Como jueguen con sus balances no importa, salvo que, como me comentaba Juan Carlos Gómez recientemente, pudiésemos ver sus sistemas de gestión y contabilidad (libro abierto).

Las objeciones que pone José Manuel Martínez se pueden salvar.

Si, la determinación del límite de la oferta temeraria no se puede hacer a priori, hágase a posteriori, pero esto no invalida la fórmula. Yo buscaré el encaje legal para definirlo a priori y ya os comentaré si lo he logrado.

Y si hay que repartir los puntos, repártanse, pero tampoco esto invalidada la fórmula con la que no tiene nada que ver. Ya he demostrado, que no es lo mismo normalizar o repartir en cada criterio que hacerlo al final. Si hay que normalizar o repartir, que no es lo mismo, hágase al final, sobre la suma de todos los puntos. Es lo que haré yo, si no tengo más remedio.

Por último, me hago una pregunta ¿en qué son superiores las otras fórmulas que no están demostradas y muchas de las cuales ni siquiera justificadas?

¡Que tengan un estupendo día!

Manuel, no pretendía desanimarte, porque tu trabajo es encomiable y te animo a que, con el apoyo de tus compañeros juristas y fiscalizadores en tu administración, la pongas en marcha y veamos el resultado práctico. Me he permitido citarlo en un libro que estoy concluyendo sobre servicios público.

El problema que le veo es de configuración legal, y quizá mi propia visión de años luchando contra la corrupción en los contratos, no pocas veces disfrazada de criterios de valoración técnicos y matemáticos con fórmulas enrevesadas.

En todo caso, la fórmula que propones me parece que puede ser ideal, por el objetivo que persigue y el cambio de perspectiva que ofrece, pero creo que su aplicación general exigiría un cambio normativo. Aunque quizá pueda utilizarse, sin ese cambio normativo, en contratos solo con criterios matemáticos y dejando la fijación de la temeridad para el momento posterior a la apertura de plicas (aunque quizá eso choque con la doctrina de la STJUE de 21 de septiembre de 2013, Com. contra España al dejar un elementos en la fórmula que no pueden conocer los licitadores al hacer su ofertas -en el caso de la sentencia, la baja media-).

Yo me aventuraría a pedir otro cambio normativo, más radical: no admitir en la valoración más que criterios matemáticos (y no solo el precio, por supuesto). El esfuerzo que se invierte en inventar criterios no matemáticos, las empresas en hacer los documentos correspondientes y las mesas en valorarlo, invertirlo en cerrar mejor los proyectos y los pliegos técnicos, con la ayuda cunado sea necesaria de consultas preliminares y una adecuada supervisión de los proyectos y PPT, y entonces no serían necesarios los criterios a los que por algo se les llama "subjetivos".

Reitero mi enhorabuena y mi agradecimiento personal por el trabajo

Un saludo a todos y felices fiestas

No se preocupes José Manuel, no me has desanimado en absoluto. Lo que has hecho es entrenarme para cuando tenga que enfrentarme con mi gabinete jurídico porque seguro que me plantearán objeciones similares a las tuyas..

Estoy totalmente de acuerdo contigo en que cuantos menos criterios subjetivos haya más transparente serán los concursos. Mi propósito para este concurso que estoy preparando es que el 80% de la valoración se realice con criterios objetivos aunque no sé si mi jefe aceptara mi propuesta. 

Te agradezco la referencia en tu libro y la paciencia que has tenido conmigo.

Saludos cordiales. 

Muchas gracias Juan Carlos por tus ánimos.

Me gustaría que cuando tuvieses tiempo de revisar mi trabajo, no tengo prisa, me dieses tu opinión, especialmente de la última parte. He usado tu método para el cálculo de la estructura de costes del PBL justo en sentido inverso y me gustaría saber si no he metido la pata con los términos contables. Lo que intentado hacer es determinar el PBL haciendo uso de los datos de la Central de Balances para el sector de las Tecnologías de la Infomacion y del convenio colectivo de este sector.

El resultado encaja bastante bien con los datos del coste de la hora de los servicios técnicos que queremos contratar que se están manejando en la Junta de Andalucía para este tipo de servicios. Si no estoy equivocado, de esta manera se pueden establecer los límites económicos del concurso y, aunque pudieran necesitarse ciertos ajustes, que no sé aún si serán necesarios, al menos sabemos el orden de magnitud del PBL y del límite de la oferta temeraria.

Saludos cordiales.

Me he liado y he borrado sin querer una respuesta en la que había errado con el personaje, no era Hércules quién sostenía la bóveda celeste, sino otro personaje mitológico: Atlas.

Esto me ha pasado por ponerme tan estupendo y pedante. Tengo que mirar más la Wikipedia.

Guillermo gracias por hacerte eco de mi artículo. Albert y Charo muchas gracias por ayudarme a reflexionar.

Saludos  a los tres

Buenos días:

Después de dar por cerrado el debate que hemos mantenidos estos días, esta mañana cuando venía al trabajo (camino 40 minutos así que tengo tiempo de pensar) tenía una sensación agridulce respecto del resultado del debate.

Dulce porque habíais puesto objeciones a la aplicación de la fórmula, pero no a la fórmula misma (sólo se puede demostrar que la fórmula no es correcta demostrando que el descuento no es a costa del beneficio).

Las objeciones a la aplicabilidad de la fórmula al final se han reducido a una: determinar, a priori o a posteriori, el límite de la oferta temeraria. La determinación a posteriori, como una fórmula del precio de todas las ofertas, no plantea problemas. El problema es fijar dicho límite a priori. Mi propuesta es que si existe un convenio colectivo en el sector al que va dirigido el concurso, ese límite se puede fijar sin problemas porque no creo que ningún órgano consultivo pueda poner ningún impedimento a exigir que se cumpla el convenio colectivo. Es más, dicha exigencia podría ser incluso, es sólo una sugerencia que no he analizado a fondo, una clausula social.

Amarga porque creo que a pesar de mis esfuerzos, en realidad, no he logrado convenceros de las bondades de la fórmula. De hecho, estoy casi seguro de que seguiréis usando vuestras fórmulas habituales que, posiblemente, ni siquiera sean las mismas.

¿Por qué el uso de esta fórmula va a requerir una reforma legal y no sucede lo mismo con el resto de las fórmulas, lineales o no, que se usan a diario?

Por poner un ejemplo. En el documento 50 Criterios de Calidad y Excelencia para la prestación del servicio, en la página 23, se propone como un criterio de calidad el uso de una fórmula, que cómo la mía no es lineal, pero que no se demuestra (no se puede) y se justifica, entre otras cosas, porque es la fórmula usada en licitaciones europeas para contratación de servicios especializados de consultoría.

Aunque no he hemos entrado muy a fondo en el tema de los criterios y los pesos, tengo la misma sensación que con la fórmula. Si la LCSP no dice nada al respecto de como puntuar las ofertas respecto de un determinado criterio, ¿también va a requerir una reforma legal que el modo el que se asigna la puntuación sea el que tiene que ser?

Dicho modo es puntuando las ofertas por su capacidad de ejecutar el objeto del contrato y dicha capacidad, el valor de la oferta, es intrínseco a ella misma y, por tanto, las ofertas no se deben comparar entre si, esto es, ni se debe normalizar la puntuación ni repartir los puntos en cada criterio; a lo sumo, se puede normalizar al final porque, aunque esto desvirtúe el valor de las ofertas, al menos, no cambia el resultado del concurso.

En fin, muchas gracias, otra vez, por vuestra paciencia.

¡Que paséis un buen día!

Hola Manuel, no te quedes con ese sabor amargo. Es una cuestión muy debatida. No te digo como casi todaos en contratación, pero esta de la fórmula es muy debatida.

Quédate con la satisfacción del trabajo bien hecho. De haberte expuesto al juicio público. De haber podido defender tu propuesta en esta comunidad y fuera de ella. De abrir el melón, como comentaba Juan Carlos. 

Algunos gestores se quedarán. Otros, quizá menos, exploren la nueva fórmula que planteas. 

Ten presente que hay mucha resistencia a los cambios. Muchos se quedan, no porque desconfíen de los nuevo, se quedan por la comodidad de lo que conocen. 

Creo que has sido un descubrimiento como a la comunidad. Como persona interesada, profesional, inquieta y motivada. 

Eres un marciano más. El marciano de las fórmulas. Juan Carlos es un marciano de los costes. José Manuel de los lotes.

Quizá esta fórmula requiera una comunidad a su alrededor para que la perfile, la lime, la empiece a utilizar.

Yo también tengo mis ideas marcianas. A veces las cuento y..., se queda ese sabor amargo. 

Un saludo, muchas gracias por participar, feliz navidad y sigue haciendo el marciano.

Manuel,

como dice Guillermo, entre otros, gracias por abrir otro melón más en esto de la contratación. De abrir otra perspectiva desde la que enfocar la valoración de las ofertas.

Voy a hacer un último apunte sobre una formación que tuve el pasado mes de julio. La docente era la jefa de contratación de un importante centro sanitario. Su manera de enfocar la contratación me dejó bastante perplejo, básicamente por dos cuestiones:

  1. Fiar la mayoría de sus licitaciones a los que resolviesen los Tribunales, ella tomaba una decisión que creía que no contravenía la norma y tiraba hacia delante, sabiendo que tendría un recurso, sí o sí. Como ya sabía que esto sucedería, preparaba ya la justificación de su decisión cuando el recurso estuviese en manos de los Tribunales.
  2. No veía motivo de exclusión que una empresa ofertase un precio hora de trabajador por debajo del convenio colectivo vigente. Que mostrando músculo financiero por otro lado, podía hacer una oferta inferior a la que marcaba el convenio.

Es un apunte más sobre el marasmo y caos en el que vivimos y en el que tratamos de sobrevivir. Al cuál contribuimos todos: legisladores, tribunales, Juntas de Contratación, gestores, unidades promotoras y empresas.

Creo que toda la cuestión de las fórmulas tiene cabida en un reglamento, pero ¿tendremos reglamento antes de que nos jubilemos?

Hola Albert:

Ayer os decía que al menos no habíais cuestionado la fórmula, pero me quedé con la impresión de que, salvo a Juan Carlos que para es economista, a lo mejor al resto no he logrado transmitiros que ésta no es una fórmula más.

Esto de la fórmula para la valoración del precio no es nuevo para mí. Hace más 3 años ya me planteé buscar una fórmula que tuviese un comportamiento adecuado. Las premisas eras estas:

  • persuadir a los licitadores a realizar ofertas en torno a un precio aceptable para la Administración;

  • disuadir a los licitadores de realizar ofertas desproporcionadas; y

  • tener en cuenta el efecto del peso de criterio “precio” y del número de licitadores en la fórmula a emplear en la valoración de la oferta económica.

Encontré la fórmula con estas características (el tercer punto surgió a posteriori, una vez encontrada la fórmula, a partir de una simulación numérica). Por supuesto no era lineal, pero si tenía un comportamiento muy interesante. A ningún licitador le interesa tirar la casa por la ventana porque eso no le otorgaba ninguna diferencia significativa (al contrario que las funciones lineales que, proporcionalmente, premian de igual manera un descuento razonable que una locura) ni proponer un precio demasiado cercano al PBL.

Por muy razonable que parecieran las justificaciones de esta fórmula, y creo que lo eran, no podía demostrarse, y en ese sentido era una fórmula más, pero no es este el caso de la fórmula que estamos comentando. Por eso, me queda la duda de no saber si habéis comprendido las trascendencia de esta fórmula. Esta fórmula elimina de un plumazo la arbitrariedad que la norma concede a los órganos de contratación al poder decidir a su antojo cómo van a evaluar la oferta económica.

Que se use o no esta fórmula no depende tanto de que esté contenida en la norma, mejor si es así, sino de haberla comprendido.

Gracias por tus ánimos.

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