Es un tema muy discutido.

Me ha llegado noticia de esta publicación de Manuel Narbona Sarria en el OBCP que se titula Estandarización de la evaluación de la oferta económicaSegún cuenta:

"Para la empresa el esfuerzo se mide como reducción del beneficio y se puede demostrar que existe una fórmula única y correcta que da la puntuación que le corresponde a una empresa en función del descuento que ofrece sobre el PBL y de los precios máximo (PBL) y mínimo (límite de la oferta temeraria) que debe fijar la Administración. Dicha fórmula, cuya demostración se expone en este trabajo, es

P=[K/(1-K)]* [DO/(1-DO)]

donde

  • K=C/L, siendo
    • C es precio mínimo de licitación (límite de la oferta temeraria),
    •  L en presupuesto base de licitación,
  • DO el descuento sobre el PBL y,
  • P la puntuación".

Qué pensáis.

Visitas: 1010

Responde a esto

Respuestas a esta discusión

Es bueno que se hagan búsquedas y se propongan soluciones, no es un tema fácil, pero la fórmula tiene un defecto (como casi todas) y en este caso es que hay que determinar previamente el límite de la temeraria, y que la ley y el reglamento dicen dos cosas al respecto: 1) que si es con un único criterio debe ser un parámetro que tome como referencia el conjunto de ofertas válidas que se hayan presentado  y 2) que si son múltiples criterios debe referirse a la oferta considerada en su conjunto, por lo que no solo tiene que considerarse el precio.

Por lo tanto no parece que se ajuste mucho el determinar previamente el límite de la temeraria, y además supone un previo juicio de valor,  y menos aún llamarlo "precio mínimo de licitación" porque tal cosa no existe.

Para evitar esto n un único criterio se podría esperar a ver el conjunto de ofertas presentadas, habría que dirimir primero la anormalidad de las ofertas y luego poner el límite en el mínimo valor que quede, no se solucionará nada. Si son multiples criterios aún mas complejo.

No me gusta mucho, la verdad. Pero me encanta que este tema se empiece a mover. Seguro que encontramos entre todos la respuesta

La estandarización debería comenzar con los criterios de adjudicación en contratos iguales: limpieza, seguridad, suministro de mobiliario, material de oficina... hay un montón de objetos sociales idénticos con criterios de valoración dispares, creo que ese sería un buen inicio para la simplificación de la tarea administrativa.

Y si puedes estandarizar los criterios (y su ponderación), también podrías estandarizar el teórico precio mínimo de licitación. Claro que si estableces ese precio mínimo ya estás introduciendo un factor que desvirtua la competencia, ya que estás diciendo cual va a ser el precio que van a ofertar todos los licitadores (creo que lo leí en una resolución del Tribunal Català de Contractes del Sector Públic).

Creo que la fórmula tiene que estar relacionada con la mejora con el importe máximo de licitación. Nosotros hemos cambiado, antes hacíamos la típica fórmula relacionada entre la mejor oferta y el resto, obviando toda relación respecto a la mejora sobre el importe máximo de licitación.

Como le decía en Tuiter a Guillermo, cuantas más variables y más complicada sea la fórmula, más posibilidades de error (dejarte un paréntesis, introducir un importe donde no toca...). 

Para estandarizar una fórmula, habría que hacerla ley y que el legislador proveyese de la herramienta de cálculo, sin posibilidad de modificación, para eliminar el error, o minimizarlo.

Por cierto, la fórmula sería 

P=[(C/L)/(1-(C/L))]* [(PBL-OF)/(1-(PBL-OF))]

Que digo yo que las DO y las K se deberán calcular...

Albert me gusta mucho eso de estandarizar criterios de adjudicación en contratos iguales. En el ayuntamiento de Valladolid lo han hecho y creo que ha facilitado bastante el trabajo a los que valoran y a las empresas que licitan.

Otro saludo.

Muchas gracias Charo, eres una super-dotada con esa doble visión ciencias/letras. A los que sólo somos de letras estas cosas nos cuestan más.

Comparto lo que comentas. Esa referencia a la  oferta temeraria, puede ser un lío.

Otra cosa que veo es la falta de transparencia de la fórmula. A primera vista, no se entiende o yo, al menos, no la entiendo.

Un saludo y muchas gracias por pasarte, participar y compartir. 

El tema es demasiado complejo y analizarlo requiere un esfuerzo y ayuda para los que somos de letras. Me llama la atención que se hace sin apenas citar preceptos ni regla legales, y  ni una sola resolución, sentencia o informe de JCCA, para analizar si la fórmula tiene encaje en la Ley y en la doctrina legal, salvo que se trate de un ejercicio intelectual con el objetivo de promover una reforma legislativa, a nivel nacional y comunitario, que también me parece muy loable y necesario.

Siempre he defendido que es necesario reducir al mínimo la discrecionalidad y desterrar la subjetividad en la valoración de las ofertas, por lo que cualquier idea en esa línea me parece plausible.

Partiendo de una simple lectura del artículo y una ojeada al trabajo largo al que se enlaza, me surgen las cuestiones siguientes:

- Tiene un problema de complejidad. La primera regla que han de cumplir los pliegos y las fórmulas es la claridad. Si un lego en matemáticas, como solemos ser los juristas, y entre ellos todos los jueces, no la entiende, y si un pequeño autónomo y por lo tanto potencial licitador, tampoco, ninguna fórmula no es válida (STJUE de fecha 14 de julio de 2016, Asunto C-6/2015; RTARCCyL 681/2016 y 208/2017).

- Si la fórmula solo sirve para valorar los criterios matemáticos y produce el efecto de no repartir todos los puntos que el pliego atribuya a estos, tampoco es admitida por los Tribunales, especialmente si con su aplicación práctica el peso real de los criterios de valoración técnica supera al de los matemáticos, y no se constituye, por la apariencia la apariencia sobre el papel de la mayor puntuación de los matemáticos, un comité de expertos (RTACRC 40/2016; RTACRC de 873/2016).

-La fórmula parte de la comparación única de cada oferta con le presupuesto base de licitación, no con el resto de las ofertas. Los Tribunales reiteran que la valoración se ha de hacer comparando las ofertas entre sí. (STGUE de 1 de febrero de 2018, asunto T-477/15; RTARCCYL 10/2015; RTACRC 315/2016, de 22 de abril;...)

- Parece que la fórmula parte de un precio mínimo de licitación que sería el límite de la oferta temeraria (C, K=C/L). No he llegado a entender  si ese valor se fija previamente o se obtiene  a la vista de las ofertas, aplicando las reglas del RGLCAP o las  establecidas en el pliego para otros criterios diferentes al precio. Dos cosas han dejado claros los Tribunales al respecto: la consideración de una oferta como desproporcionada ha de hacerse de manera comparativa con el recto y no se pueden excluir ni dejar de valorar las ofertas desproporcionadas.

En todo caso, trataré de analizar con ejemplos reales esa fórmula para ver sus efectos, pues la idea de una fórmula "definitiva" que haga que los licitadores analicen los proyectos y formulen ofertas realistas,  me paree muy necesario.. Mientras tanto seguiré apostando por la regla de tres simple directa sobre la cantidad de mejora en relación con el criterio matemático, admitiendo una corrección de la proporcionalidad lineal pura solo si no hay criterios evaluables mediante un juicio de valor.

 habría que hacer una reforma legal para incluirlo, y a nivel comunitario. No me parece que esta estandarización encaje siquiera con la doctrina del TJUE

Muchas gracias José Manuel, yo soy partidario de lo que comentas. Me parecen argumentos sólidos, lógicos y transparentes. De lo que he leído en el tema de las fórmulas, es lo que más me convence.

Otro saludo.

Buenas tardes:

Soy el autor del artículo que se está comentando y si me lo permiten, quisiera contestarles a todos a la vez. Lo haré haciendo referencias a sus propios comentarios agrupándolos por temática. Espero no dejarme nada atrás, pero si es así no será porque lo esté eludiendo sino porque se me habrá escapado.

Antes de comenzar les animo a que lean el artículo completo; pueden saltarse la demostración de la fórmula porque les aseguro que es formalmente consistente. Además, las tablas y gráficos ayudan bastante a la comprensión de este trabajo.

  • Escasez de referencias normativas

    José Manuel Martínez Fernández: “Me llama la atención que se hace sin apenas citar preceptos ni regla legales … para analizar si la fórmula tiene encaje en la Ley y en la doctrina legal”

    Ni estoy buscando el encaje legal ni es tan sólo un ejercicio intelectual, como luego comentaré.

    Los jueces y los órganos consultivos pueden errar si no están bien asesorados en materias técnicas que escapan a sus conocimientos.

    No soy un experto en derecho, ni lo pretendo, pero sí he hecho mis deberes y he leído sentencias al respecto. De hecho, cuando leí en repetidas sentencias, aunque expresados de distinta manera, el mantra “a doble esfuerzo, doble puntuación” tuve la impresión de que algo no encajaba hasta que comprendí que lo único que había que hacer era mirar desde el otro lado, el de la empresa, ya que se estaba confundiendo el esfuerzo que hace el licitador con el descuento que percibe la Administración. El esfuerzo que hace el licitador al proponer un descuento es a costa de su beneficio y como existen costes fijos en la producción del bien que la empresa no puede ignorar, duplicar el descuento, por ejemplo, significa renunciar a más del doble del beneficio y, por esto, la relación entre el esfuerzo y la puntuación no es lineal.

  • La fórmula

    José Manuel Martínez Fernández: “Tiene un problema de complejidad”.

    Guillermo Yáñez Sánchez: “Otra cosa que veo es la falta de transparencia de la fórmula”

    Albert: “cuantas más variables y más complicada sea la fórmula, más posibilidades de error” y “Por cierto, la fórmula sería ...” “… Creo que la fórmula tiene que estar relacionada con la mejora con el importe máximo de licitación”.

    La fórmula no es compleja: la justificación es sencilla “no es cierto que a doble esfuerzo le corresponde doble puntuación y, por tanto, la relación entre el beneficio del licitador y el descuento no es lineal”; y las matemáticas empleadas en su demostración, elementales.

    La fórmula no tiene muchas variables: las variables son el límite de la oferta temeraria y el presupuesto base de licitación, los cuales tiene que fijar la Administración, y descuento que ofrece el licitador.

    La fórmula no es opaca: está justificada, demostrada, publicada y accesible al que quiera analizarla, todo lo contrario de que se suele ver en los pliegos en los que ni siquiera suele estar justificada.

    La fórmula está relacionada con el descuento sobre el presupuesto base de licitación.

    Albert en el artículo tienes el desarrollo completo donde verás que coincide con tu formulación extendida. Le versión compacta es elegante y muy fácil de recordar.

  • Límite de la oferta temeraria

    Charo Delgado Fernández: la fórmula tiene un defecto (como casi todas) y en este caso es que hay que determinar previamente el límite de la temeraria”. “... y además supone un previo juicio de valor ...” “ … habría que dirimir primero la anormalidad de las ofertas y luego poner el límite en el mínimo valor que quede, no se solucionará nada”

    Albert: si estableces ese precio mínimo ya estás introduciendo un factor que desvirtua la competencia, ya que estás diciendo cual va a ser el precio que van a ofertar todos los licitadores

    José Manuel Martínez Fernández: Esa referencia a la oferta temeraria, puede ser un lío”.

    José Manuel Martínez Fernández: Parece que la fórmula parte de un precio mínimo de licitación que sería el límite de la oferta temeraria (C, K=C/L). No he llegado a entender si ese valor se fija previamente o se obtiene a la vista de las ofertas ...”.

    ¿Cómo es que hacemos un estudio de mercado para fijar el presupuesto base de licitación y no analizamos de paso cual debe ser el límite de la oferta temeraria?

    Sea cual sea el método por el que se determine el límite de la oferta temeraria, la Administración tiene que concretar ese límite, pero una vez fijado el límite, mejor será usar una fórmula que se pueda justificar y demostrar que una que no.

    Además, en ningún momento se está suponiendo que la fórmula sólo es aplicable cuando existe una única oferta y el único criterio es el precio. Se ha analizado el criterio precio porque de eso va este artículo, pero, evidentemente, el resultado de la puntuación obtenida mediante esta fórmula habrá que ponderarlo con el peso del criterio precio que se defina.

    De hecho, el límite de la oferta temeraria se puede obtener a priori, a partir del convenio del sector, si existe, y de la Central de Balances del Banco de España como propongo al final del artículo o, a posteriori, como una función, que debe especificarse en el pliego, del precio de todas las ofertas una vez recibidas éstas (por ejemplo, la media menos dos desviaciones estándar).

    El problema, por tanto, no es la fórmula sino nuestra capacidad o incapacidad para determinar los límites económicos del concurso.

  • Estandarización de los criterios

    Albert: “La estandarización debería comenzar con los criterios de adjudicación en contratos iguales ...” “Y si puedes estandarizar los criterios (y su ponderación), también podrías estandarizar el teórico precio mínimo de licitación”

    José Manuel Martínez Fernández: Si la fórmula solo sirve para valorar los criterios matemáticos y produce el efecto de no repartir todos los puntos que el pliego atribuya a estos, tampoco es admitida por los Tribunales ...”

    Otra vez los tribunales se vuelven a equivocar.

    En el artículo demuestro que forzar el reparto de todos los puntos asignados a un criterio conduce a resultados imprevisibles e injustos. Ni se debe normalizar en cada criterio, ni se debe forzar el reparto en cada criterio. Ni siquiera deberíamos normalizar el resultado final, aunque desgraciadamente nos vemos obligado a ello, porque el valor de las ofertas queda desvirtuado.

    Mirad el siguiente ejemplo (en el artículo se analizan otras situaciones con más profundidad).

    3 ofertas, A, B y C, con las siguientes puntuaciones finales: 45, 50 y 40, respectivamente. La oferta ganadora es la B, pero se queda a mitad de camino de la puntuación máxima (supongamos que es 100) que según los criterios fijados por la Administración se podría haber alcanzado. Las diferencias son B-A=5 y B-C=10. Cuando normalizamos a 100 suceden dos cosas: primero, otorgamos a B 100 puntos haciendo que la mesa de contratación crea que es una buena oferta cuando en realidad está en el límite de lo aceptable; segundo, aumentamos las diferencias con las otras ofertas, aunque la proporción se mantenga, pasando de 5 a 10 para B-A y de 10 a 20 para B-C, haciendo que el valor de las ofertas perdedoras parezcan menores de lo que en realidad son.

    El valor de una oferta expresa la capacidad de una empresa para ejecutar el contrato. Este valor es intrínseco a la oferta y, por tanto, no puede depender del valor de las otras ofertas. La misma empresa licitando a dos concursos idénticos con la misma oferta no debería obtener distinta puntuación en criterios igualmente definidos en ambos concursos.

    La Administración tiene la obligación de fijar para cada criterio los límites y la forma en que se asigna la puntuación: mediante una función, lineal o no, que responda a las características intrínsecas del criterio o mediante tramos de valor.

  • Estandarización de la fórmula

    Albert: “Para estandarizar una fórmula, habría que hacerla ley y que el legislador proveyese de la herramienta de cálculo, sin posibilidad de modificación, para eliminar el error, o minimizarlo”.

    José Manuel Martínez Fernández: la idea de una fórmula "definitiva" que haga que los licitadores analicen los proyectos y formulen ofertas realistas, me parece muy necesario”.

    No sé qué desarrollo tendrá mi propuesta, pero tampoco creo que sea imprescindible que el legislador la acepte formalmente para que se use; a diario se siguen usando fórmulas estrafalarias, lineales o no, que no tienen consecuencias adversas porque nadie interpone una demanda. Lo importante es, creo yo, que ante cualquier demanda se pueda justificar y demostrar que la fórmula no es otra idea feliz del órgano de contratación sino la fórmula correcta que se debería aplicar en todos los contratos. Evidentemente, si forma parte de la norma, mejor que mejor.

    La prueba de que no es un mero ejercicio intelectual es que ésta será la fórmula que emplearé en la próxima contratación que estoy preparando; de hecho, no será ésta la única novedad. Próximamente se publicará en el Observatorio de Contratación Pública otro artículo mío sobre la definición de los perfiles técnicos en el ámbito de las Tecnologías de la Información (TI) basados en modelos definidos por la Unión Europea; estoy terminando otro artículo sobre la estandarización de la evaluación de los equipos de trabajo que también espero publicar; si me da tiempo, quiero hacer una propuesta de estandarización de los criterios que deben tenerse en cuenta en la evaluación de la oferta técnica basados en los estándares de calidad; pretendo normalizar el modo en que se describen los acuerdos de nivel de servicios e incluso proponer la definición misma de ciertos servicios que solemos contratar todas las administraciones en el ámbito de las TI, como es el soporte al puesto de trabajo.

    Queda mucho por hacer, pero tenemos que ser capaces de cuestionar lo establecido si queremos mejorar.

Saludos

Hola Manuel, muchas gracias por pasarte y comentar. Lo de las fórmulas es un tema muy debatido. Aquí en la comunidad y fuera de ella. Hay opiniones para todos los gustos.

Como decía Alberto Robles el otro día, todas las formulas tienen sus cosas buena y malas.

Lo dicho, muchas gracias por pasarte y compartir. 

La fórmula propuesta me parece que requiere una reforma normativa. Sigo pensando que tiene problemas de encaje legal, por la fijación ex ante de un límite de temeridad, lo que me parece supone establecer un umbral de saciedad no admitido por ningún tribunal; y porque si se combinan criterios matemáticos con criterios de juicio de valor y la aplicación de la fórmula en el contrato concreto en el que se aplique, hace que el peso de los criterios de valoración técnica sea superior a lo de valoración matemática, requiere un comité de expertos, y como eso se sabrá una vez abiertas las ofertas económicas, ya no se puede retrotraer el procedimiento y originaría la nulidad de la adjudicación, como también ha reiterado el TACRC.

La fórmula es correcta. El problema es cómo determinar el límite de la oferta temeraria. Ya he explicado que se pueden dar dos situaciones.
Una es que dicho limite se determine a partir de todas las ofertas si no se tiene información previa que justifique definirlo antes. Esta situación no es problemática. Lo habéis comentado vosotros mismos.
La otra es definir el límite en las propias bases del concurso. Esto se puede interpretar como un umbral de saciedad solo si no se justifica adecuadamente. Pero si ese límite es el que marca una normativa, como por ejemplo un convenio colectivo, ¿qué juez puede oponerse a la exigencia de que ninguna empresa oferte por debajo del convenio colectivo de su sector? Si una empresa oferta por debajo de ese límite o bien incumple el convenio, o la oferta producirá pérdidas o ambas cosas a la vez. Así que, el límite que marca el convenio colectivo es el límite de la oferta temeraria. En el articulo propongo como determinar ese límite cuando se conoce el convenio del sector al que se dirige el concurso.

La segunda parte de tu argumentación no la entiendo. ¿Acaso el reparto de pesos entre los criterios matemáticos y de los juicios de valor no se sabe desde que se publica el concurso?

Saludos

Manuel,

tu trabajo es encomiable y lo que saca a relucir es la poca consideración que tiene la administración con la formación previa y continua de los trabajadores que nos dedicamos a la contratación pública.

En mi caso, la empecé como auxiliar (interino, por supuesto), siendo licenciado en Historia Contemporánea y con la diplomatura de Gestión y Administración Pública en la que no hice la asignatura sobre contratación, puesto que no era obligatoria. Creo que como yo, debe haber cientos de trabajadores sin más formación que el día a día.

He echado un vistazo, muy fugaz, al artículo y necesita de cierta dedicación y formación para llegar a su comprensión y a como poder extrapolarlo a nuestro día a día.

En tu respuesta multilateral, creo que el tema de la estructura de costes está presente (la estructura de costes y la determinación del precio da para una enciclopedia). Estoy acudiendo a una formación relativa al tema de costes (dos sesiones, mañana será la segunda) impartida desde el punto de vista del presupuesto público, con la complejidad que supone y la diferente perspectiva desde la que lo tratan. Ellos buscan saber si es más eficiente la provisión pública o privada de un servicio, pero sirve de introducción para conocer cuestiones relativas a los costes que se pueden imputar a la ejecución de un servicio o una obra (creo que el tema de los suministros les viene nuevo). Al tema, si tenemos que evaluar en relación a los costes de un licitador, tenemos un problema muy grande, ya que a tantos licitadores, tantas estructuras, con lo que nos encontramos con otra gran dificultad. A esto se añade el hecho de que quien establece sus costes lo puede hacer de diferentes manera y entender que unos costes son directos o no.

Lo de la complejidad de la fórmula, lo decía por la cantidad de términos que intervienen en ella al hacerla de una sola vez, no calculando las dos variables previas. Quizás sea extensión, la palabra correcta, es una fórmula extensa. Y lo hago desde mi perspectiva práctica y conociendo al personal que tendría que aplicarla, que si ya les cuesta la típica de puntuación=(mejor oferta/oferta a valorar)*puntos, una fórmula como esta ni te cuento. Solo decirte que con la fórmula que aplicamos actualmente, en relación a la baja que realizan, les hice una hoja de cálculo con los campos justos y bloqueados e introducían mal los valores, pero eso ya son mis batallitas.

Mi alusión a que forme parte de la norma es para evitar fórmulas con forma de campana, en la que el importe más bajo no recibe la mayor puntuación. Esa me la colaron en los años en los que la ley tenía el valor del papel higiénico. Una campana de Gauss en la que los que redactaron el pliego se aseguraron la adjudicación. Aquí vuelvo a la falta de formación de los profesionales (a golpes, la mayoría de las veces) de la contratación pública. Carecemos de esa formación multidisciplinar.

Bueno, dejo de divagar, por que además lo hago de forma especulativa, según se cruzan por mi mente los pensamientos.

En lo que creo firmemente es en la necesidad de una homogeneización en muchos aspectos de la contratación, en situaciones similares, los pliegos deberían ser casi idénticos.

Buenas tardes a todos

Vaya por delante que, aun conociendo el trabajo de Manuel Narbona, todavía no he tenido tiempo de analizar a fondo su propuesta de fórmula para la estandarización de la evaluación de la oferta económica.

Sí que diré, que la propuesta que hace Manuel, la de valorar –en la oferta económica– el esfuerzo que realiza el contratista renunciando a conseguir menos beneficio en el contrato al que licita es, cuanto menos, un enfoque innovador y, a mi juicio, digno de consideración.

Parece que se ha advertido un problema en el modelo que se nos propone, y es acerca de la dificultad para determinar el nivel que se considere baja temeraria (o precio límite de baja en la licitación). Yo voy a poner un poco más de "condimento a la ensalada" para decir que ese nivel es "propio" de cada empresa, porque cada contratista tiene su propia estructura de costes y compite en el mercado con arreglo a ella.

En consecuencia, habría que analizar el comportamiento individual de cada licitador sobre cuáles son sus «coste marginal» y su «ingreso marginal» al producir una unidad adicional del bien o servicio que oferta en la licitación. En este artículo https://auditoriadecostes.blogspot.com/2017/12/criterio-de-coste-en... comento cómo una empresa maximiza beneficios cuando su curva de «costes marginales» corta la curva de «costes medios» en el mínimo de ésta, para un determinado nivel de producción/ventas. En la medida en que la empresa quiera obtener mayores ganancias (beneficio) netas (que no significa un aumento del porcentaje de beneficio sobre las ventas) a base de ganar cuota de mercado (por ejemplo concurrir a un contrato público), irá paulatinamente sacrificando beneficio disminuyendo el precio de venta (ver el los gráficos, en los que el precio de venta pasa de 20 a 18).

¿Qué sucede?, pues que tiene un límite. ¿Cuál es ese límite?, pues es el punto en el que la curva de «costes marginales» corta al «ingreso marginal». Nótese que en el primer gráfico, para un ingreso marginal de 20, en número de unidades producidas/vendidas es de 82; y en el segundo gráfico, para un ingreso marginal de 18 (sacrifica beneficio) el número de unides producidas/vendidas es de 89; y, por último, en ambos gráficos, el coste unitario es de 12,5.

Si rebasa el límite, es decir, la curva de costes marginales supera a los ingresos marginales, la empresa incurrirá en pérdidas, y esto no le interesa a un órgano de contratación que sea responsable, porque pondría en riesgo la ejecución de la prestación.

Por este motivo que acabo de explicar, desde un punto de vista puramente económico, pienso que merece la pena continuar ahondando en la propuesta que hace nuestro amigo Manuel Narbona.

Un fuerte abrazo.

Recibir la comunidad de Contratación en Prácticas mi deseo de felicidad para esta Navidad y un próspero año 2019

RSS

Razones para ir al Congreso Internacional de Contratación Pública de Cuenca

Última actividad


Ad. Autonómica
Manuel Narbona Sarria ha respondido a la discusión ¿Estamos usando los criterios para la evaluación de las ofertas correctamente? ¿Es el precio un criterio como los demás? ¿Qué significa el artículo 149 b de la LCSP? de Manuel Narbona Sarria
"Buenas tardes Jorge: He buscado el modelo en la Diputación de Girona y sólo he…"
Hace 11 horas

Ad. Autonómica
Manuel Narbona Sarria ha respondido a la discusión ¿Estamos usando los criterios para la evaluación de las ofertas correctamente? ¿Es el precio un criterio como los demás? ¿Qué significa el artículo 149 b de la LCSP? de Manuel Narbona Sarria
"Jorge, ¿me mandas el enlace o directamente el documento? Saludos"
Hace 13 horas

Ad. Estatal
Jorge Pérez ha respondido a la discusión ¿Estamos usando los criterios para la evaluación de las ofertas correctamente? ¿Es el precio un criterio como los demás? ¿Qué significa el artículo 149 b de la LCSP? de Manuel Narbona Sarria
"Buenas tardes Manuel este modelo lo puedes encontrar (lamentablemente sólo en…"
Hace 14 horas

Ad. Autonómica
Manuel Narbona Sarria ha respondido a la discusión ¿Estamos usando los criterios para la evaluación de las ofertas correctamente? ¿Es el precio un criterio como los demás? ¿Qué significa el artículo 149 b de la LCSP? de Manuel Narbona Sarria
"Buenos días Ayer, se me olvidó comentar el modo el que Jorge define la oferta…"
Hace 17 horas
Ícono del perfilMayte López, Sonia David Molina Pretel se han unido a CONTRATACIÓN PÚBLICA
Hace 17 horas

Ad. Autonómica
Manuel Narbona Sarria ha respondido a la discusión ¿Estamos usando los criterios para la evaluación de las ofertas correctamente? ¿Es el precio un criterio como los demás? ¿Qué significa el artículo 149 b de la LCSP? de Manuel Narbona Sarria
"Buenas tardes: El art. 149.2 b) no dice que para determinar el límite de la oferta temeraria…"
ayer

Ad. Autonómica
Manuel Narbona Sarria ha respondido a la discusión ¿La fórmula definitiva para valorar el precio? de Guillermo Yáñez Sánchez
"Buenos dias José Manuel: Parece que nos estás diciendo, corrígeme si me…"
ayer
fgbersabe es ahora miembro de CONTRATACIÓN PÚBLICA
Jueves

¿NECESITAS AYUDA?

DERECHOS DE AUTOR

Licencia Creative Commons
El contenido generado por la comunidad de prácticas de la contratación pública pertenece al correspondiente miembro de la comunidad y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported.


© 2019   Creado por Guillermo Yáñez Sánchez.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio